Arrebatos, excesos, encantamientos
Uno teme, al embarcarse en la lectura de un autor que no conoce que sea un trabajo si bien voluntarioso, ingenuo, o de escasa destreza artística; o en caso extremo, un irredimible bodrio. No sabía de Fernando Noy – ¡pecador de mí! – de ahí la reluctancia a abordar este libro, que no tengo idea cómo llegó a mis manos.